Un reciente episodio de la versión americana del programa “Top Chef” desafiaba a sus concursantes a crear platos con una imagen perfecta, utilizando exclusivamente comida basura. No se trataba, como en otras pruebas, de valorar el sabor de la comida sino, simplemente, de elegir al que mejor imagen diese en la red social Instagram. De hecho, el ganador de la prueba se elegía en base al que más “Likes” tuviese en dicha red.
Esto viene a demostrar que la fotografía se ha convertido en una parte importantísima de la propia experiencia de comer. Los “hashtag” (o etiquetas sociales) relacionadas con los alimentos se han ido multiplicando hasta alcanzar millones de mensajes en todos el mundo, y ya casi nadie se sorprende si antes de probar los platos en un restaurante, estos son fotografiados por el comensal de turno.

La percepción de la comida es mejor si antes compartes una fotografía
Intrigado por esta nueva tendencia, Sean Coary, profesor asistente de Marketing de los Alimentos de la Universidad Saint Joseph, de Filadelfia (EEUU), en colaboración con Morgan Poor, profesor asistente de Marketing de la Universidad de San Diego, decidieron investigar cuál era el impacto de las imágenes generadas por los consumidores de alimentos sobre la satisfacción en el momento del consumo. Los responsables han publicado los resultados en la revista Journal of Consumer Marketing.
Los investigadores han estudiado a tres grupos, de 120 personas cada uno, para determinar qué efecto produce el hecho de hacer una fotografía de la comida y compartirla en las redes sociales, como Instagram, antes de degustarla. Concluyeron que, cuando tomamos una foto de un plato antes de comer, creamos un retraso intencionado del momento de consumo que permite a nuestros sentidos que se impliquen en el proceso y que construyan con antelación el placer que vamos a sentir. Así, las personas que llevan a cabo este proceso evalúan más positivamente la comida que ingieren, especialmente cuando se trata de platos más nutritivos y sanos.
“Los comensales quieren recordar la estética visual de su comida, especialmente cuando es algo saludable”, ha asegurado Coary. Además, cuando comemos de manera sana, hay un deseo de indicar a los demás que formamos parte de una especie de club del que nos sentimos orgullosos. También es posible –y esto es una opinión personal- que esto tenga más razón de ser así en un país como Estados Unidos, principal consumidor de comida basura del mundo.

La tendencia no hecho más que empezar
En cualquier caso, los expertos aseguran que este fenómeno de “fotógrafos amateurs” de alimentos no ha hecho más que empezar, y es algo que deberán tener en cuenta las empresas alimentarias y, sobre todo, el mundo de la restauración. Y más viendo que algunos restaurantes de lujo han comenzado a prohibir fotografiar sus platos. De hecho, estos investigadores recomiendan a restaurante y marcas de alimentos a abrazar esta tendencia y contribuir a ella. “Si la comida es bonita y estéticamente agradable, los clientes querrán fotografiarla y compartirla en sus redes, lo que, de algún modo, es un modo de conseguir publicidad gratuita”.
¿Vuestros amigos os echan en cara que vais haciendo fotos a todos los platos de los restaurantes y subiéndolos a las redes sociales? Pues a partir de ahora, ya sabéis que la ciencia avala vuestro comportamiento. ¡Seguid haciéndolo!





